Los pájaros cautivos


Hoy estaba analizando y pensando el porqué al 99% de la gente le cuesta ver más allá de sus propias narices, vive “dormitando feliz” entre el rebaño de borregos siguiendo a la manada, haciendo lo que todos hacen. Por más que uno intenta hacerles comprender con demostraciones claras y fehacientes la invalidez de sus creencias, más se resisten a ver la verdad, y apareció de pronto y sin llamarlo, este cuento de Osho con el que pude comprender la situación. Acá lo comparto y a buen entendedor...

Me contaron una historia jasídica. Un hombre fue a ver a su amigo. El amigo era un granjero en un valle oculto en las montañas. Cuando el hombre se estaba acercando a la casa de su amigo vio algo que le confundió en extremo. Vio una pequeña pradera de no más de un kilómetro y medio de largo, pero en ella había algo especial que le dejó perplejo. En esa pradera miles de pájaros y animales se habían reunido. ¡Miles! Era difícil contarlos, no quedaba un solo espacio; el lugar estaba repleto de ellos. Y todo el hermoso bosque que rodeaba aquella pradera no contenía ni un solo animal, ni un solo pájaro.

No podía creerlo, “¿Por qué se han reunido? ¿Por qué no vuelan por el cielo, a los otros árboles? La inmensidad ésta a su alcance”. Parecían muy nerviosos, tensos, preocupados; y no estaban tranquilos. Evidentemente, todo el mundo necesita un espacio, todo el mundo necesita un cierto espacio para vivir. Siempre que ese espacio es constreñido, surge el nerviosismo. Pero nadie estaba impidiendo a los animales y a los pájaros partir; no había ni siquiera una valla.

Cuando llegó a la casa de su amigo, lo primero que le preguntó fue por esos pájaros. “¿Qué maldición ha caído sobre ellos?” El amigo le dijo, “No lo sé con exactitud, porque no lo he visto, sino que lo he oído. En el pasado, hace muchos, muchos años, existió un señor de estas tierras, un hombre muy violento y sádico. Disfrutó con este experimento. Levantó una alta valla alrededor de la pradera y colocó a guardias en torno al lugar y ordenó a esos guardias, “Si cualquier pájaro o animal trata de escapar, matadle de inmediato”.

Encerró a miles de pájaros y animales en la pradera, en esa prisión. Y durante años ésta fue la rutina: cualquier pájaro o animal que tratara de escapar, era muerto. “Poco a poco, los pájaros y los animales se fueron acostumbrando; aceptaron su prisión. Se olvidaron de su libertad porque la libertad fue asociada al miedo y a la muerte.

“Entonces el señor murió. Los guardias desaparecieron, la cerca cayó. Ya no había nadie que les impidiera irse; ya no estaban ni los guardias, ni la valla, pero los pájaros y los animales habían desarrollado una mentalidad vallada. Creían que la cerca estaba allí. ¡Y en realidad podían ver la cerca! Se había convertido en algo profundamente integrado en ellos, se había convertido en un condicionamiento”.

El hombre le dijo, “¿Por qué nadie trata de hacerles comprender?” El amigo le contesto, “Muchos buenos hombres lo han intentado, pero los pájaros y animales  no les escuchan. No solamente ese comportamiento es innato en ellos, sino que sus crías también nacen con esa idea. Forma parte de su carne y de sus huesos; se ha convertido en parte de su identidad. Las crías nacen con la idea de la cerca.

Mucha buena gente lo ha intentado y aún lo siguen intentando. Y te sorprenderá esto: los pájaros se enfadan mucho y los animales atacan a esa buena gente. No quieren ser molestados. En realidad, han creado una filosofía en la que ellos son los que están en libertad y el mundo tras la cerca, es la prisión.

Y aun así, algunos buenos hombres continúan intentándolo, pero parece que es casi imposible persuadirles de que son libres, de que no existe valla alguna, de que pueden volar por todo el cielo”.

Tomado del libro Verdadero sabio (Osho)

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