09 Feb
09Feb

Aferrarnos, aferrarnos con fiereza a todo aquello que nos hizo felices, es tan, tan humano… Pero a veces olvidamos, que hay algo aún más humano, algo que no compartimos con el resto de especies de nuestro planeta, nuestra capacidad artística, nuestra capacidad para trascender la realidad mediante nuestro poder creador.

Y les aseguro, que soltar desde el amor, es todo un arte…

Acostumbramos a soltar cuando nuestras manos, que, como no podía se der otra manera, están relacionadas con el chakra corazón, sangran de tanto aferrarnos a algo o a alguien que ya no está.

Soltamos desde el dolor, desde el sufrimiento, desde el rencor o desde el victimismo. Soltamos desde el no quiero, desde el no puedo.

Con la boca pequeña y el corazón empequeñecido, en un acto de rendición forzada, y la historia ya nos ha demostrado las consecuencias de este tipo de rendición…

Es la guerra contra la propia esencia de la vida, la no aceptación de la impermanencia de todo, la guerra contra la inevitabilidad de que todo está en continuo cambio.

Es la negación de nuestra propia esencia, que es lo único permanente en este juego de la vida, y que es en sí misma evolución constante, que se nutre del cambio para seguir cumpliendo su tarea de evolucionar a través de los aprendizajes…

Es aferrarnos al EGO y a su falacia de control, a la falsedad de que lo que necesitamos para completarnos está fuera de nosotros.

Y miramos en la dirección equivocada, miramos hacia aquello que se va en contra de nuestra voluntad, miramos las heridas que nos produjimos nosotros mismos por no querer soltar esa cuerda que nos ata a lo que ya no está, a lo que fue, a lo que podría haber sido, al espejismo del sediento que continúa intentando apresar una ilusión.

Y cuando miramos hacia el interior lo hacemos con las gafas del Ego, nos preguntamos qué quedó del corazón, y lo encontramos marchito, fragmentado, estéril por la sal contenida en tanta lágrima derramada…

Entonces reaparece, más fortalecida que nunca, la voz de nuestro EGO, que brinda sus servicios para “protegernos”, para que no nos vuelva a pasar…

Nos pide que metamos los trozos que quedaron de nuestro corazón en una incubadora, lejos de los peligros del Amor.

Perpetuamos el velo de la ilusión, perdemos la conexión con nuestra esencia, le negamos a nuestro corazón toda su grandeza, su capacidad de regenerarse del único modo que puede hacerlo, AMANDO, amando sin descanso, sin expectativas.

Actuando desde adentro hacia afuera, amándonos a nosotros mismos tanto como para darnos el permiso de amar cada circunstancia vital a la que nos enfrentemos.

Abrazando el cambio, la pérdida de lo que un día creímos debía permanecer para siempre con nosotros, abriendo las ventanas, recordando nuestro derecho a amar, a amarnos.

Soltar desde el amor es decir adiós con una sonrisa, con gratitud por lo bueno que en su día compartimos, por los aprendizajes recibidos, por las enseñanzas que obtuvimos sobre nuestra propia incapacidad para amarnos desde la certeza, de que conocer nuestra grandeza, es confiar en la vida y en nuestra capacidad innata de regeneración, de evolución.

Es permitirnos AMAR, VIVIR, CRECER, DISFRUTAR, en definitiva darnos permiso para SER lo que somos, PURO AMOR ILIMITADO.

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