El número ocho


Es el símbolo natural del equilibrio, de la justicia. Es el que interpreta con fidelidad las palabras de Hermes: “Como es arriba es abajo”.

El Caduceo de Mercurio, forma el número ocho, o dos serpientes entrelazadas que se mueven a lo largo del canal medular. Las alas, representan el poder conferido por el fuego para elevarnos a los planos superiores.

En la Catedral de Palma de Mallorca, energía equilibrante, aparece dos veces al año el símbolo del ocho, al unirse la luz de los primeros rayos del Sol, que entran por el rosetón del Este, reflejando la sinfonía multicolor e indescriptible que se esparce como estrellas por toda la Catedral y bajo el rosetón del Oeste, (puerta principal de entrada siempre cerrada) los días 2 de febrero y 11 de noviembre, es decir 2 del 2 y 11=2 del 11=2, entre las 8,30 a las 8,45 a.m. Si el día está nublado, no puede verse pero si el día es soleado, es un espectáculo digno de apreciarse. Es curioso, que si no hay luz, no podemos ver y disfrutar del Equilibrio. Tema a reflexionar. (Aparece ya en Internet, este fenómeno, como Mallorca Catedral).

El octonario es el número de la realización de la Divinidad en el Hombre, puesto que en nosotros existen ocho “regiones” habitadas por los ocho hijos del fuego divino.

La primera deidad, se encuentra entre ambos hemisferios cerebrales, provocando una equilibrada secreción de la glándula pineal esencial en los procesos vitales de índole física, mental y espiritual. Es el equilibrio el objetivo esencial de esta glándula, ya que si no lo está, se retarda la maduración sexual, física y espiritual de la persona.

La segunda deidad, o hijo del fuego divino, se encuentra en el cuerpo pituitario, estimulando la secreción de esta glándula, que influye sobre la procreación, aviva la inteligencia y la fuerza de carácter. La debilidad de sus secreciones, agota la fuerza, aumenta la grasa, detiene el crecimiento, debilita la inteligencia y los órganos genitales.

La tercera, se halla en la tiroides, a la que riega con abundancia la sangre, activando la función del organismo, especialmente el corazón y los riñones, así como las de los que tienen tendencias artísticas. Pero cuando está demasiado acelerada, sobreviene adelgazamiento, temblor, insomnio, sudores, (enfermedad de Basedow).

La cuarta entidad, rige la secreción de las paratiroides, situadas en el cuello y mezcladas con la tiroides, cuidando de las funciones oculares y dentarias, de la tersura de la piel y la correcta función de los músculos. Un desequilibrio en sus secreciones, altera el esqueleto, el sistema muscular y produce cataratas.

La quinta deidad, realizadora y equilibradora la encontramos en el timo, glándula que se encuentra detrás del corazón y que crece hasta la edad de catorce años, pasando después sus funciones a los ganglios y amígdalas, regulando el crecimiento, el peso y la articulación correcta de la palabra. Si funciona débilmente, se manifiesta un crecimiento tardío, una mala dentición, excitabilidad, inquietud nerviosa e irritabilidad. En cambio si funciona en exceso, se adquiere un exceso de volumen físico, Inteligencia limitada, trastornos en la palabra manifestados en lentitud e imperfección e incoherencia en la expresión de sus ideas.

La sexta deidad, dirige las glándulas suprarrenales, situadas entre ambos riñones. Son indispensables para mantener la vida y secretan dos productos diferentes, pero ambos igualmente útiles y necesarios. El primero, la adrenalina, que al pasar por la sangre, acelera las pulsaciones del corazón, excita el sistema nervioso, los nervios adquieren velocidad, y el sistema muscular se contrae con rapidez permitiendo prontitud y facilidad en los movimientos. El segundo, produce una secreción de efectos totalmente contrarios a los del primer, es decir; retarda las funciones del organismo y pierden velocidad, pero ganan fuerza y resistencia. La Naturaleza, en su sabiduría, tiene “la llaga y la medicina” sabe cuando acelerar y cuando retardar, pues posee los medios para hacerlo, si no interferimos con fármacos o productos que alteran sus funciones normales.

La séptima reside en el páncreas, glándula mixta que posee dos secreciones, una externa y una interna. La primera se vierte en el intestino y sirve para la asimilación, la segunda es la insulina, sustancia imprescindible en la sangre, para el aprovechamiento de los alimentos que dan hidratos de carbono, como los vegetales y sus derivados (pastas, dulces, legumbres, frutas, etc). Las secreciones normales del páncreas aseguran buen peso, mantienen un sólido esqueleto y sistema muscular y una gran energía, cuando la secreción es pobre, se produce la diabetes.

La octava y última inteligencia equilibradora, ocupa las glándulas sexuales, (ovarios y testículos) que como sabemos se ocupan de las funciones de reproducción, pero que además tienen otras importantes funciones. En la mujer, los ovarios como las suprarrenales, tienen dos funciones o secreciones distintas a cumplir, una acción excitadora, aceleradora y estimulante que favorece los caracteres femeninos: delgadez, agilidad. Y otra la secreción del cuerpo amarillo que favorece la acumulación de grasa. De la armonía entre las dos secreciones, depende el equilibrio físico y las funciones perfectas de la mujer en su menstruación periódica, en su forma externa, en su carácter y en su inteligencia. Cuando hay un desarreglo ovárico, hasta el cabello y las uñas se afectan por esa anormalidad.

En el hombre, como en la mujer, hay dos funciones distintas; una la procreación al unirse el espermatozoide con la célula ovárica, lo que dará origen a un nuevo ser. Esta secreción es externa.

La interna gobierna el sistema esquelético y muscular, la repartición de la grasa y el pelo por el cuerpo, la barba, el bigote y la voz.

Las secreciones testiculares son las que proporcionan el valor, la tenacidad, el coraje, el atrevimiento y el espíritu de iniciativa. Avivan la imaginación, tonifican el sistema nervioso, estimulan las funciones mentales y repercuten en la personalidad. Su deficiencia debilita las fuerzas musculares, la inteligencia, el carácter se vuelve apocado, tímido, afeminado, el valor se apaga y se atrasa el crecimiento no solo físico, sino también el espiritual.

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