Un paseo por el cementerio de Concordia


Se podría decir que la muerte es el resultado de varios factores por los que el cuerpo no es capaz de mantener las constantes para sustentar su vida. Las células, según van pasando los años, la tienen más difícil para regenerarse, esto y los problemas neurológicos son los que nos llevan a una muerte natural, cuando esta no es accidental víctima de las circunstancias.

Se suele decir que una de las características clave de la muerte es que es definitiva, y en efecto, los científicos no han sido capaces hasta ahora de presenciar la recomposición del proceso homeostático desde un punto termodinámicamente recuperable.

Desde que comienza la vida sabemos que tenemos que morir algún día y nos aferramos a ver el proceso de la muerte como un acontecimiento dramático, doloroso y desagradable y quizás en parte tengan razón, solo que hay gente que lo hace más fuerte y le toma más importancia a morir que a vivir. 

Ahora quiero darle el toque de misticismo al artículo para entretenernos y hacernos pensar. El ser humano teme a la muerte casi por naturaleza pero también es natural morir, es una ley natural. Estos temas dan escalofríos y nos hacen cuestionar muchas cosas, como si habrá algo más allá o no. Si hay algo después de la muerte bien, y si no hay, no te vas a dar cuenta, por lo que realmente no importa.

En la mayoría de las culturas es un momento triste, pero en otras es motivo de alegría y de fiesta, pues se cree que están en otro lugar, mucho mejor que este y que la muerte es sólo una frontera que hay que atravesar.

Un jueves de tarde otoñal, salí con Violeta a dar una de nuestras eventuales caminatas y, al pasar frente al cementerio de Concordia ella me pregunta: ¿Lo conocés? Le dije que no y entonces decidimos entrar para ver en donde van a parar todos los egos y las envidias, los rencores, ansias de superioridad así como también las alegrías, la diversión, la cooperación, etc., de ahí recordé aquél pensamiento: «como es la vida es la muerte».

El cementerio de Concordia es un sitio calmo, tranquilo, como todo camposanto pero, aún aquí los deudos de los fallecidos quieren mostrar cuanto amaron a ese ser que ya partió y para ello, (quienes tienen suficiente dinero y quieren demostrar superioridad, poderío y ego ante los demás habitantes) le construyen costosos mausoleos, tumbas adornadas con mármol y bronces, estatuas de gran tamaño, cúpulas etc., como si el espíritu del fallecido fuera a disfrutar de tanto lujo; compran el ataúd más costoso y al muerto lo visten con sus mejores prendas… o de pronto sea una muestra de remordimiento por lo que dejaron de darle en vida, en fin; es el gusto y el dinero del doliente y hará con el lo que se le cante.

A pesar de su tradicional formación judeocristiana, la sociedad occidental actual se unifica en una respuesta habitual de vergüenza ante la muerte. Al admitirla pareciera que acepta un fracaso en el mandato social de ser felices y tener éxito. La muerte, inevitable en la existencia humana, se convierte así en un acontecimiento absurdo soportado con ignorancia y pasividad.

En su poesía “Mis Muertos”, Amado Nervo parece compadecerse de aquellos que dejaron este mundo y pretende revivirlos en estos versos:

  • Yo vivo con la vida que mis muertos
  • no pudieron vivir. Por ellos hablo,
  • y río por lo que ellos no rieron,
  • y por lo que ellos no cantaron canto,
  • ¡y me embriago de amores y de ensueño
  • por lo que ellos no amaron ni soñaron!

Excepto estas salvaguardas filosóficas y poéticas, en principio se podría responder que en su conciencia misma el hombre occidental teme a su propia muerte más que a la muerte del prójimo.

Continuando con nuestro paseo por el cementerio, le comentaba a Violeta que esto se parecía a una ciudad en miniatura, con sus barrios de lujo y otros de clase media y de abandono también, con callecitas pavimentadas y otras llenas de arena y barro, con jardincitos cuidados y otros con lugares de solo maleza. El ver tumbas apiladas una sobre otra y juntas en hileras como réplica de esos edificios de apartamentos, chicos y uniformes con escalera única y así mismo; ver tumbas destruidas, con vidrios, puertas y ventanales rotos, cortinas raídas, manchadas llenas de polvo y suciedad, con ataúdes destrozados dentro de mausoleos totalmente inundados.

También pensaba… comparaba, aquellas personas que en vida no pudieron comprar una vivienda y tuvieron que vivir de alquiler y de la misma forma aún muertos, tenían que pagar su morada terrenal para que no los desalojaran y tiraran sus restos no reclamados a una fosa común.

Siguiendo el recorrido por esta mini ciudad se puede conocer mucho de sus habitantes, de quienes fueron en vida de acuerdo a sus epitafios, de cuanto le extrañan sus deudos a pesar del mucho tiempo que abandonó este plano terrenal por sus cuidadas y limpias tumbas con flores recién cortadas o, de lo poco que le importó por su descuidada y abandonada morada final o por el aviso de desalojo al frente de ella.

Otra muestra de lo que importó en vida el fallecido (y muchas veces como gesto de cortesía no de sentido dolor) es la cantidad de coronas, ramos y arreglos florales, con su respectiva cinta grabada con letras grandes y doradas de quien la envía, que solo busca demostrar a los vivos, el poder adquisitivo de quien envió las flores que apenas irán a durar unas horas y luego van a parar a la basura. Es por esta razón que para mi funeral, no quiero esos gastos innecesarios pero a cambio, ese dinero que cuesta el arreglo floral, si quieren hacer un aporte, pueden comprar un pequeño mercado y regalarlo a una familia necesitada (que hay muchas) sería un lindo homenaje a lo que aporté en vida, ya mis hijas y familiares conocen de mi decisión, al igual que no quiero un ataúd ni un entierro, ni misas, porque no creo en dioses imaginarios creados por el ser humano para dominar mediante el temor y el castigo; con un más allá que nadie conoce pero que hablan de el como si a cada momento vinieran de allí; prefiero que tan pronto muera, sea cremado y mis cenizas inmediatamente se viertan en el río para que me me lleve al mar… donde siempre me gusto ir. Tampoco quiero velatorio… lo que sientan por mí... ¡espero oírlo en vida! y no frente a un ataúd en donde mi inerte ser no podrá responderle con un ¡Gracias!

Recomiendo este paseo para todas aquellas personas arrogantes, intransigentes, con egos de sobradez, que solo se limitan a ver pasar en lugar de colaborar, que critican pero que no aportan nada, de quienes solo viven de apariencias y lujos y consideran de menor valor a quienes no están al mismo nivel de sus riquezas

Vivir requiere valentía y no miedo. Vivir significa “saber vivir” llevarte bien con tus semejantes, reencontrarte contigo mismo, disfrutar de lo que tienes, de las cosas sencillas bellas y naturales que te ofrece la vida y que son grandiosas, afrontar con sabiduría los obstáculos que se nos presentan y saber que la muerte no es nuestra enemiga si no es la senda por la que vamos a pasar, teniendo presente que todo el que nace algún día también debe morir. Vive cada día de tu vida como si fuera el último de tu existencia, así aprendes a vivir sin miedo a morir.

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