Hoy es mi cumpleaños. Estoy feliz por haber cumplido un año más y estar mejor que el año anterior. Aunque he pasado por momentos difíciles y no siempre la vida se ha desarrollado como a mí me hubiese gustado, ha sido un buen año.
Ahora ya tengo un año más y va a ser verdad aquello que las tías de mi familia me han dicho tantas veces. Resulta que la mente no envejece. Ahora entiendo a mi madre cuando me dice que el día que le cambien el cuerpo por uno de 20 años echará a correr para seguir viviendo a tope.
En este cumpleaños tan especial, en el que la vida me dice que estoy en el ecuador de mi juventud plateada, me quedo con dos reflexiones que encontré en un libro que un gran amigo me regaló y que habla sobre el vivir la vida con alegría.
La primera fue: “Empieza a no decir la edad que tienes si quieres ser libre. No te digo que mientas, te digo que empieces a olvidarla. Porque a la gente le gusta mucho opinar de la vida de los demás y te preguntarán qué edad tienes y cuando la digas, opinarán. Te dirán lo que debes hacer, que son las cosas que la mayoría de gente de tu edad hace. Luego te dirán lo qué te espera a partir de ahora. Te lo dirán todo porque a la gente le gusta mucho opinar. Y tú te irás a dormir nervioso porque creerás que no te da tiempo a nada y pensarás que la gente tiene razón.”
La segunda fue: “Olvídate de que un día te morirás porque te vas a morir igual, como todas las personas. Vive y no pienses los años que te quedan de juventud o los años que te quedan para hacer las cosas. No mires el reloj. Porque igual muere el joven que el viejo y no se sabe cuándo llegará nuestro momento. Hazme caso, porque yo sé de esto. Mira cómo yo todavía no me he muerto y estoy viviendo más que otros.”
Esto me lo he grabado a fuego en mi mente. Y un ejemplo de vivir la vida es mi madre, de la que algún día se podría escribir un libro sobre su vida. Próximamente, el otro mes; le celebraremos su cumpleaños. En mi casa siempre se ha dicho que su vida es de película porque ha pasado muchas penurias y ha salido adelante.
Mi madre es una mujer adelantada a su tiempo y ni sus 3 hijos, ni sus nietos, hemos sacado las ganas de todo lo que ella tuvo que enfrentar para hacer realidad sus sueños.
A mí, sus palabras me han marcado estos días, porque con su forma de expresarse y sus palabras sencillas me desveló el secreto de la libertad y yo eso se lo agradeceré siempre. Ella tenía pena por no haberme podido enviar un regalo porque estábamos con destinos separados, ella viviendo en Costa Rica con mi hermano y yo en Argentina con mi nueva vida. Pero el regalo me lo dio siempre en forma de palabra y ese aprendizaje me lo quedo para siempre.
Esas palabras; que mi madre antes me decía, no tenían ningún significado para mí, hasta que yo también tuve que enfrentarme a muchas dificultades y adversidades. Y cuando recoloqué cada ficha en su lugar, mi vida arrancó de nuevo. Tuve que pasar por lo mismo que ella para entenderla. Y ahora me da, desde su charla y su sonrisa, este regalo que no había comprendido en su momento; esta mujer que había sobrevivido a la violencia civil, a la guerrilla, a la pobreza… cuando todos los pronósticos eran otros.
Así que, en este cumpleaños me he dado cuenta del vínculo tan fuerte que siempre hubo y hay entre ella y yo, a pesar de que físicamente estamos en dos países diferentes, me doy cuenta del regalo de sus palabras y de que, aunque muchos años nos separaban, el aprendizaje no ha pasado de moda. Es actual, es necesario y es sanador.
Y es que hasta el último día en que soplé las velas junto a ella por mi cumpleaños, no había caído en cuenta de que si me dediqué a ser Profesional de la Salud y además practicar las Ciencias Esotéricas, es porque soy fruto de tantas de sus historias y consejos. He debido escucharlas casi sin darme cuenta y cuando me tocó a mí pasar por una transformación puse en marcha todos los aprendizajes que un día ella me transmitió.
Es maravilloso ver cómo ella me hizo saber que las enfermedades son el fruto de las emociones y darme cuenta de cómo he reparado la enfermedad de muchos clanes familiares y cómo sigo haciéndolo con mi trabajo.
Y es que, como lo comentaba atrás, mi madre siempre ha sido una adelantada a su tiempo.
Puede que no te des cuenta y te creas una persona muy genuina y real, pero la verdad es que de cosecha propia tienes muy poco. Y puede que lo que aprendiste durante tu vida te esté dando muchas alegrías o puede que no y que quieras cambiar. Pues como diría mi madre: “aún estás a tiempo”.
En el ecuador de mi juventud plateada por las canas, y con una edad que ya he olvidado que tengo, te invito a que cada noche repases cómo ha sido tu día y averigües si das las gracias o si, por el contrario, prefieres olvidar.
Te invito a mejorar y a darte cuenta de cuánta conexión tienes con tus ancestros.
Debemos empezar a valorar más el paso del tiempo, a tomarlo como una acumulación de experiencias y sabiduría, no como una carrera en la que siempre estamos perdiendo cosas.
Por todo lo expresado, hoy quise compartir con vos mis reflexiones, mi decisión de cambiar la perspectiva sobre el paso del tiempo y ojalá te sumes a mi invitación a asumirlo desde otro lugar, donde la ansiedad y las sensaciones negativas sean sustituidas por emociones mucho más positivas y constructivas.
Quién sabe si el año que viene cuando cumplas años puedes estar feliz y libre de cargas y hayas sanado las relaciones de pareja, el patrón del dinero o una enfermedad que saltaba de generación en generación.
Y como siempre, me encantará saber tu opinión y tus propias reflexiones sobre este tema.
Por lo pronto, ¡feliz cumpleaños a mí!… y a Vivir la Vida con Plenitud.
Un Abrazo Mágico.
Con mucho cariño;
Germán (Ghermain) Lancheros Amórtegui