26 Jan
26Jan

El personal de salud está agotado, estresado, superado.

La salud está perdiendo la batalla frente a la enfermedad. El personal docente también está agotado. El personal de seguridad está agotado. ¿Quién no lo está?

Y así vamos, podemos ir nombrando actividad por actividad. Por fin llegaremos a abarcar toda la ciudadanía. No damos más, queremos la normalidad. En este momento, hay más incertidumbres que certezas. Algunos me dicen: “Falta menos”. Falta menos para la vacuna, falta menos para un café con amigos, un mate con familiares, falta menos para el «adiós barbijo».

La normalidad vigente

Es lo que hay. La industria petrolera es la abanderada de la contaminación ambiental. Sin embargo, la industria textil es primera escolta. Ponemos el auto en marcha y ya estamos contaminando. Cambiamos de ropa y seguimos contaminando. No es una exageración. Son números. Para dar una idea, la industria textil genera 92 millones de toneladas de residuos al año (telas sintéticas, pigmentos y otros). Los datos son de la ONG Redress.

El ciclo vicioso es el siguiente: la industria de la moda implanta la idea de la obsolescencia. Compramos nueva ropa y regalamos la usada. Para el ego, eso es filantropía, para el planeta, es contaminación. Eso sin hablar del trabajo esclavo, vinculado a la industria textil.

Velocidad de colisión

La pandemia nos obligó a parar para reflexionar. Las cosas, como estaban, producían grandes daños a nuestra vida y al medio ambiente. De manera que, ahora, cuando ansiamos por el retorno a la normalidad, tendremos que definir a qué normalidad. Decimos que nada será como antes. Más nos vale. Reitero la frase de arriba, la pandemia nos obligó a parar para reflexionar. Puede entenderse que vivíamos a gran velocidad y que un virus nos obligó a frenar de golpe. Stop.

Festina lente “Festina lente” (latín clásico).

Su traducción es “Apresúrate despacio”. Esta locución la usó el emperador Augusto al lamentarse por la irreflexión de uno de sus comandantes. Es más: según el historiador romano Suetonio, la frase “festina lente” era una de las favoritas de emperador. El historiador nombra algunas virtudes de Augusto: la calma, el tomar distancia, el parar para pensar. “Caminad despacio si queréis llegar antes”. Podemos inferir que Augusto fue uno de los precursores del movimiento slow food. Eso fue en el siglo I.

Sin salir de Roma

En la misma Roma, ahora en 1986, Carlo Petrini fundó el movimiento slow food. Para ampliar el “de qué se trata”, podemos usar una frase del gurú Carl Honoré: “Estamos corriendo en vez de vivir la vida”. Y nos dice Honoré que la lentitud es un superpoder aplicable a todo: comida, belleza, moda, periodismo, redes sociales, elaboración de productos. Ralentizar la vida, desconectar con el afuera para conectar con él adentro.

Nueva normalidad

Para que advenga nueva normalidad, es necesario convertir algunas utopías en concreciones. Tiramos algunas premisas:

  • Un mundo sin petróleo.
  • Un cielo sin aviones.
  • Autos sin caño de escape.
  • El tren resucitado.
  • Amigarse con la bicicleta.
  • Cultivar una huerta.
  • Independizarse de la tiranía de la moda.
  • Volver a tejer y coser la vestimenta.

Observaciones: para la pedagogía Waldorf, un chico, una chica, a los doce años, debe saber cómo hacer su vestimenta, su calzado, como cultivar y elaborar su comida y saber construir su casa. Soberanía, en pocas palabras.

Tendencias que florecen

Los jóvenes, afortunadamente, adoptan comidas saludables, se fijan en la letra chica, rechazan determinados ingredientes. Y piensan en el planeta. Cada vez más, la gente está cultivando en casa. Nuestro jardín puede ser la huerta orgánica tan soñada. En YouTube abundan tutoriales.

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